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Mi vientre me pertenece

Mi vientre me pertenece

Mi vientre me pertenece ***

Los nuevos movimientos feministas y el inciso 218: una documentación en fragmentos

 

Así comenzó

“Los privilegiados nunca han renunciado voluntariamente a sus derechos en la historia. Por eso exigimos: ¡las mujeres deben llegar a ser un factor de poder dentro de los conflictos pendientes! Las mujeres deben organizarse, porque deben reconocer sus propios problemas y aprender a defender sus intereses.”

Aprobación de la mayoría. Abucheo de algunos. Ya era en la tarde poco antes de la noche cuando sonaron éstas, ahora históricas, oraciones a través del micrófono. Oraciones con las cuales nació el segundo movimiento feminista alemán, después de medio siglo de la muerte del primer movimiento feminista. Lugar del acontecimiento: el albergue juvenil de Fráncfort a la orilla del río Main. Obstetras: alrededor de 450 mujeres de 40 grupos de toda la República Federal estaban reunidas ahí para el primer “Congreso Federal de Mujeres.”

Detrás de ellas quedaban meses agitados. Y si alguien les hubiera profetizado a estas mujeres un año antes que estarían comprometidas con el renacimiento del feminismo, la mayoría de ellas hubiese negado incrédulamente con la cabeza, puesto que en aquel tiempo el concepto “feminismo” era considerado como un insulto, incluso en las filas de las mujeres politizadas. Luego de la primera sublevación del año 1968, el movimiento de protesta a comienzos de los años setenta, parecía dominar nuevamente la calma absoluta en los asuntos sobre mujeres.

En la búsqueda de la emancipación fotogénica de mujeres, la misma revista “Brigitte” se quejó en la primavera del 71 con coquetería: “las mujeres alemanas no queman sostenes ni vestidos de novia, no asaltan competencias de belleza ni redacciones enemigas de la emancipación, no exigen la derogación del matrimonio ni escriben manifiestos para la destrucción de los hombres. No hay hechiceras, ni hermanas de Lilith, como en Estados Unidos, tampoco Dolle Minas con chistes, como en Holanda, no hay panfletos furiosos ni periódicos combativos. No hay rabia.”

Pero ahora, sí había rabia. Más de lo que “Brigitte” y socios querían, puesto que la rabia no sólo se dirigía rápidamente contra el inciso 218, sino también contra toda la ley impuesta a la feminidad. El desencadenante había sido la prohibición al aborto, pero el trasfondo fue la creciente infamia y la esquizofrenia del nuevo rol femenino, pues comenzó el fuerte período de la doble carga propagada: ejercer un poco la profesión, al mismo tiempo ser una perfecta dueña de casa, buena madre y atractiva amante: este era el nuevo ideal que debíamos esforzarnos por alcanzar.

En este barril de pólvora faltaba solamente la chispa, pero ¿quién debía hacerlo estallar?…

Estos fueron exactamente los meses en los cuales en Estados Unidos, Holanda y Francia las mujeres ya se revelaban abiertamente. 343 francesas declararon públicamente en abril de 1971: “¡nosotras hemos abortado y exigimos el derecho de libre aborto para cada mujer!” La acción había sido iniciada por el movimiento feminista de París, el MLF, cuyo llamado había sido publicado por el periódico semanal liberal de izquierda “Le nouvel Observateur”. El azar representó un papel importante en el hecho que se importara la acción tan rápida y explosivamente a la limítrofe República Federal de Alemania. Alice Schwarzer, en ese tiempo corresponsal en París y activista del MLF, llevó la idea a sus hermanas alemanas. Empeñada en conservar el ímpetu feminista de la acción, buscó en aquel entonces, por una parte, a grupos de mujeres que se compararan con el MLF y, por otro lado, una posibilidad de publicación.

La revista Stern, que reconoció rápidamente el espectacular aspecto de la acción, accedió. Así se efectuó el delicado, pero finalmente exitoso y breve, casamiento entre la revista masculina de Hamburgo y la acción femenina: las mujeres tenían su foro y la revista Stern tenía su escándalo. Sin embargo, si en ese entonces hubiera sospechado para qué prestaba esta ayuda, seguramente no lo hubieran hecho…

Ahora hacía falta buscar mujeres que participaran. Ya que rápidamente estuvo claro que no había grupos feministas que pudieran sostener la acción central como las parisinas. Alice golpeó muchas puertas, también las del Partido Socialista (SPD), Partido Comunista (DKP) y mujeres sindicalistas: todas la rechazaron argumentando que “una acción como esa sólo podría dañarnos, parece poco serio”, o “eso escandalizaría  a las bases”.

Sin embargo, de los cuatro grupos feministas existentes, tres estaban dispuestos a participar: la “Acción Femenina 70” en Fráncfort (que surgió de la “Unión Humanista”, compuesta principalmente de mujeres profesionales burguesas y que con el slogan “mi vientre me pertenece” ya habían salido a las calles); las adherentes a la “Unión del Partido Socialista de Alemania Occidental” (SEW), organización sucesora del antiguo consejo de acción en Berlín; la “Federación de Mujeres Socialistas de Berlín”; y las llamadas “Mujeres Rojas” de Múnich. La organización estudiantil “Weiberrat” de Fráncfort, al comienzo se mostró en contra de la acción ya que la encontraba “apolítica” y “reformista”. Una tarde de un viernes de mayo, en la que Alice les presentó el plan a las “Mujeres Rojas” se dividió espontáneamente el grupo: unas seguían aferrándose a la formación educativa (“todo lo demás sería puro accionismo”), las otras se entusiasmaron (Ute: “estábamos encantadas de por fin poder actuar”).

Comenzaron actividades febriles. Los tres grupos feministas juntaron dentro de pocas semanas alrededor de la mitad de las 374 firmas, el resto se logró gracias a un sistema de pirámide, es decir, una mujer le contaba a otras, a sus amigas, colegas o vecinas y reflexionaban juntas. El valor de estas mujeres era enorme.

Lo que realmente significaba en aquel entonces reconocer un aborto – ¡sin mencionar siquiera una confesión pública! – apenas alguien puede imaginárselo hoy. Puesto que gracias a esta campaña el tema del aborto, si bien hoy aún no está resuelto, dejó de ser en gran medida un tabú. Pero en ese tiempo era simplemente una barbaridad, que ni siquiera se le confesaba a la mejor amiga.

Y no solamente eso. Todas las mujeres tenían miedo. Miedo de las consecuencias jurídicas (¿nos meterán a la cárcel?); miedo de las consecuencias sociales (¿pierdo mi puesto de trabajo?); miedo a los  psicodramas (¿tendrá mi madre un ataque al corazón?, ¿qué dirá de esto mi novio/esposo? ¿Seguirán hablando conmigo mis vecinos?). A diferencia de la propaganda posterior, la mayoría de las 374 mujeres no eran ni privilegiadas ni famosas. Entre las primeras 374 mujeres que públicamente habían reconocido un aborto y exigían este derecho para todas las mujeres, sólo nueve eran actrices (¡y también arriesgaron su carrera y su reputación!). Las 365 restantes eran secretarias, dueñas de casa (muchas dueñas de casa), estudiantes, trabajadoras, empleadas, etc. La mayor de ellas tenía 77 años, una dueña de casa de Hamburgo llamada Adele Heldmann, y la más joven tenía 21 años, una peluquera de Berlín llamada Marita Spittmann.

La acción fue arriesgada en todos los niveles. Arriesgada en la colaboración con “Stern”, y también en relación al riesgo personal de las mujeres.

Sin embargo, justamente este riesgo, es decir, la determinación de las mujeres  de no atenerse más a las reglas del juego, que no eran de ellas, y las manifestaciones de su solidaridad constituyeron el tremendo efecto de la acción.

(Alice Schwarzer, en: ¡Así comenzó! Colonia 1981)

 

12.000 católicos alertan al Ministro de Justicia Gerhard Jahn

Mientras exista este párrafo, será controvertido. Ya en los años veinte, las mujeres de la clase obrera salieron a las calles con sus maridos a protestar contra él. Sin embargo, el párrafo que prohibía la interrupción del embarazo tras una violación, subsistió desde la época de Weimar, el imperio del nacionalsocialismo y el gobierno de la Unión Demócrata Cristiana en Alemania occidental.         

            El inciso del aborto es apoyado hoy en día sobre todo por la iglesia católica: ésta toleró tácitamente las interrupciones del embarazo por muchos siglos. Según las creencias medievales de la iglesia, el feto masculino recibe un alma sólo en el día 40 de gestación, y el feto femenino, en el día 80. Solamente desde 1869, cuando el Papa Pío IX condenó las interrupciones del embarazo, el clero consideró que el aborto era un asesinato desde el primer día del embarazo, al igual que en los tiempos de Cristo.

           Cuando se estableció en el otoño de 1969 la coalición social liberal en Bonn, pareció iniciarse una liberalización de la ley de aborto. El servicio de prensa político parlamentario del Partido Social Demócrata de Alemania anunció el 13 de julio de 1970: “posiblemente se permita el aborto hasta el tercer mes de embarazo en clínicas con todos los costos cubiertos por las cajas del seguro médico, siempre que sea recomendado médicamente.”

Inmediatamente, el “Passauer Bistumsblatt”[1] católico se alteró: “el ministro Jahn desea legalizar el asesinato”. El ministro fue advertido también mediante volantes impresos por 12.000 lectores del periódico sensacionalista católico “Neue Bildpost”: “ni ahora ni más adelante aspire a una moderación del párrafo 218”.

La campaña parece no pasar desapercibida en Bonn. El Ministerio de Jahn hace declaraciones nuevamente en circulares hectografiadas, que “de ninguna manera está planificado autorizar la interrupción del embarazo hasta el tercer mes”.

A la vez, para los mismos juristas el controvertido párrafo ya no es más sagrado. La unión de juristas indicó al respecto que el párrafo “no correspondería más a la conciencia judicial de amplios sectores de la población”. Y pese a que el aborto puede ser perseguido por la fiscalía sin una solicitud especial, las autoridades de justicia sentían pocas ganas de adoptar medidas contra mujeres que habían abortado. De un millón de abortos en 1969, solamente 276 fueron llevadas ante un juez.

Pues bien, eso amenazaba con cambiar. A las fiscalías no les quedará otra cosa que proseguir las diligencias contra todas las mujeres que públicamente se incriminen un aborto. Había 374 para el cierre de la edición de esta publicación. Pareciera que pronto serán miles.

Al gobierno de Bonn le quedaría sólo una cosa para impedir un deterioro adelantado de los fiscales alemanes: la anulación del párrafo 218.

(Alice Schwarzer en: Stern nº 24, 6 de junio de 1971)

 

El proceso de la legislación

            Al final de los años sesenta, la renaciente discusión sobre el aborto nuevamente estuvo acompañada por las demandas de la oposición extraparlamentaria (APO). Pero no sólo era discutido en grupos de mujeres.     

            Profesores de derecho publicaron proyectos alternativos a la reforma del derecho penal, los cuales abogaban por una autorización parcial o una indicación amplia. El Partido Democrático Liberal (FDP) fue el primero de los partidos representados en el congreso que había escrito en su bandera de lucha la ley de regularización del aborto que lo autoriza en los primeros 3 meses de embarazo. La Unión Humanista defendió esta posición, así como las mujeres en el Partido Social Demócrata (SPD).

           La posición de las mujeres agrupadas en la “Acción 218” era inequívoca: anulación del inciso 218 sin sustitución. Debido a que tal vez los delitos emergentes estarían cubiertos ya a través de delitos existentes, los párrafos extraordinarios serían innecesarios. La ley de regulación del aborto fue vista como arbitraria, ya que también una operación después del tercer mes constituye meramente un problema médico y no jurídico. A esta opinión se le dio  énfasis a través de las acciones masivas.

           Al comienzo de la coalición social liberal, también se había hecho una modificación del inciso 218, como consecuencia de la tardía modificación del derecho penal, que nuevamente llevó a la situación de 1926 y 1927. En la discusión sobre otras reformas del párrafo se produjo en el Partido Social Demócrata, no obstante, una pelea por posiciones, que polémicamente se podría definir como “auténticamente social demócrata”. Pese a que el grupo de trabajo de las mujeres social demócratas (AsF) y el grupo de trabajo de los juristas social demócratas (AsJ), así como también una amplia parte de la Confederación Alemana de Sindicatos  (DGB) y de la población total abogaban al menos a favor de la ley de regulación del aborto, los miembros del gabinete social demócrata intentaron, antes del convocado congreso del partido, en el sentido de trabajar en los hechos de un modelo de indicación. El Ministro de Justicia Jahn se pronunció explícitamente contra la ley de regularización de aborto y presentó proyectos correspondientes. Aún antes del congreso del partido, la presidencia de éste junto al consejo del partido y a la comisión de control presentaron una “declaración de sí y no” contra la anulación, el recurso de protección frente a la futura vida y la necesidad de la reforma. Entonces, la comisión federal de mujeres del SPD apostó por la ley de regulación del aborto por razones de posibilidades de éxito, a pesar de que parte de ellas apoyaba la anulación sin sustitución.

           Durante toda la discusión, el SPD tuvo el dilema, que ya había permitido que lo comprometieran con el deber de proteger las futuras vidas y naturalmente lo juzgarían en adelante por este postulado. Se mostraría como un problema el hecho de que Jahn consideraba la ley de regularización del aborto como inconstitucional.

           Al trabajo comprometido de los seguidores de la reforma dentro y fuera del partido, hay que atribuirle el hecho de que aún cuando pese a estas resistencias se llegara a una determinación del partido sin presión del consejo para una ley de regularización del aborto. Brandt, que anteriormente había apoyado expresamente a Jahn, se abstuvo de votar. Anticipadamente había pedido comprensión, ya a nadie se le puede exigir que presente una ley que el mismo no cumpliría.

           De este modo, el acuerdo del congreso del partido era ya una maculatura[2], antes de que siquiera estuviera impreso. Jahn, pese al voto del partido, presentó un proyecto de indicación que, junto a una indicación médica ampliamente preparada, preveía también una indicación en situación de emergencia. En consecuencia, el recurso de protección estatal entró en una deliberación. Cincuenta y un delegados de la coalición quedaron a cargo de desarrollar la determinación del partido a través de una presentación de un proyecto alternativo. La Unión Demócrata Cristiana (CDU) y la Unión Social Cristiana (CSU) querían únicamente tener votada la aprobación de un reducido modelo de indicación. El anticipado final de la legislatura cerró este capítulo de lucha y posibilitó al fin y al cabo la realización de una sesión informativa prometida por mucho tiempo.

           Sin embargo, en el programa electoral el SPD se decidió finalmente la ley de regularización del aborto. En la declaración del gobierno, la iniciativa de legislación se remitió al parlamento, con lo que los miembros del gabinete social demócrata evitaron lo delicado, sobre todo Jahn, quien era nuevamente Ministro de Justicia. Las fracciones de la coalición presentaron el proyecto minoritario que había hasta entonces. El viejo proyecto de ley del gabinete fue nuevamente presentado por algunos representantes de la fracción del SPD. La CDU/CSU presentó sus antiguas ideas con sus correspondientes proyectos. Incluso estos proyectos fueron más allá que los señores Blüm, Heck y Jäger, quienes presentaron por su parte una propuesta minoritaria con una estricta indicación médica. Esto correspondía exactamente a lo que la iglesia católica estaba dispuesta a aceptar.

           A los proyectos mayoritarios correspondientes se adjuntaron nóminas sociales. La oposición de entonces se asemejaba mucho en algunos puntos a las propuestas de hoy de la “Comisión Geissler”.

            Por primera vez en la historia de la República Federal, ninguno de los proyectos encontró la mayoría necesaria en la tercera lectura, así que fue necesaria una segunda vuelta en la que la ley de regulación del aborto se votó con 247:233:10, dos votos a favor vinieron de la CDU. Se rechazó también una objeción del senado. Tres días después, 193 delegados del CDU/CSU protestaron ante el Tribunal Supremo.

           Exactamente para el año de la mujer en 1975, el Tribunal Supremo Federal decidía mayoritariamente contra la ley de regularización del aborto. Se aplicó el artículo de la Constitución al embrión como un bien de derecho independiente. Con razón, los jueces Simón y Rupp-v. Brünneck señalaron que no se explicaba nada sobre “cómo” era la protección en la Constitución. Sin embargo, también para ellos era indiscutible que se trataba del derecho de protección de la futura vida. Pero también se opusieron a un argumento presentado por la mayoría para la “obligación” de la punibilidad. El veredicto fue incorporado en 1976 con una nueva versión del inciso 218, válido hasta hoy.

[1] El “Passauer Bistumsblatt” es un diario semanal católico de la Bistums Nassau (lat. Dioecesis Passaviensis) que es una diócesis ubicada en el este de Baviera.

[2] Hoja que posee una impresión defectuosa.

*** Traducción por Nathaly Jones del texto “Klamm Heimlich und Freunde: die siebziger Jahre”, capítulo “Mein Bauch gehört mir” (1987).

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