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“Mi intimidad es enemiga de este modelo económico”

“Mi intimidad es enemiga de este modelo económico”

Entrevista a Claudia Rodríguez, activista y escritora travesti.

En más de una marcha, por no decir todas, es posible ver a la Claudia Rodríguez caminando, portando algún cartel con mensajes alusivos al género o contra la Iglesia y usando algún atuendo llamativo que resalte su condición de travesti, la cual con el tiempo se ha convertido en su principal bandera de lucha. Pese a la adversidad que supone vivir en una sociedad que violenta a toda diferencia la Claudia siempre te sonríe cuando te saluda. 

Activista travesti, incursora en el teatro y en la escritura, Claudia es una de aquellas personas que no caben en las estructuras de género que la sociedad patriarcal y neoliberal, como ella suele llamarle a su enemigo, ha determinado para quienes viven bajo su moral y su sistema económico. Es poseedora de esas existencias que para algunas personas son blanco de insultos y para otras son una puerta abierta hacia nuevas formas de pensar la existencia.

Ella misma se entiende a sí misma desde esa radical diferencia que la mantiene en una encrucijada donde convergen género, clase, economía y toda una historia de represión hacia lo divergente. No reproduce esta especie, no forma familia, no es útil para la economía, no sigue las estructuras básicas de la sociedad capitalista ni respeta la moral cristiana imperante. Ella es, según sus propias palabras, un animal en contra del Neoliberalismo.

No se considera a sí misma como disidente, ya que considera que esta palabra y condición han sido usadas por el sistema para reducir las luchas a la teoría y la comodidad. Por el contrario, considera que son sus prácticas cotidianas e íntimas las que inevitablemente le llevan a ser oponente del capitalismo y la estructura patriarcal, es decir, aquello que hoy en día llamamos biopolítica o políticas de la vida cotidiana.

Sin duda que la amplitud de posibilidades que nos entrega la vida es inabarcable y aún hay mucho que cuestionar, criticar y desmenuzar para que, poco a poco, logremos ser quienes queremos ser y expresarnos más allá de las normas, los géneros impuestos y la moral tiránica. Es por ello que a continuación les entrego esta conversación con Claudia, la cual se llevó a cabo en el patio de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, lugar donde ella estudió Trabajo Social. Como es de costumbre claudia sonríe.

 

Entendiendo que vivimos en una sociedad sumamente normada y regida por valores morales, económicos y religiosos ¿Podrías explicarme, desde tu condición y tu lucha, cómo te posicionas ante esta realidad y esta estructura?

Bueno, primero que nada, hay que tratar de entender las estructuras y lo que significan. Porque cuando se habla de una estructura económica hay que entender que se sostiene con esta ideología religiosa, tú mismo nombraste, religiosa, ideológica, moral. Lo que pasa es que la economía contiene todo eso. Entonces es un poco complejo entender que es justamente a eso a lo que uno se enfrenta, principalmente a todo lo que sostiene a la economía.

La economía capitalista va a privilegiar todo aquello de lo que pueda sacar riqueza. Por lo tanto, la religión va a sustentar una forma de generar riqueza, cuando se habla entonces de una economía donde está involucrada la moral -y la moral va a articular el género y la sexualidad de los individuos- la economía va a estar utilizando a su favor todas las demás estructuras.

En ese sentido, el género va a traducir y generar las fuerzas laborales para beneficiar al sistema económico. Entonces es complejo, pero es importante para mí entender esa maquinaria. No está separado del funcionamiento de la moral, de la economía, de la fe, de la religión, sino que va a estar en el mismo modelo económico que va a decir que la mujer es sagrada porque reproduce a la especie y el hombre es el proveedor que va a generar los recursos para la existencia para que las mujeres procreen a la especie.

Entonces es un mecanismo súper entramado, cuando yo voy entendiendo eso entiendo por qué mis prácticas, las prácticas de la Claudia Rodríguez están fuera del sistema, puedo entender por qué son tan peligrosas las prácticas sexuales no reproductivas, porque no voy a reproducir la especie y tampoco voy a aportar a ese modelo que tiene su fe y tiene su moral determinada. No voy a aportar tampoco con fuerza laboral y voy a ser como una enemiga del sistema. Entonces mi intimidad es enemiga de este modelo económico.

 

¿De qué forma el travestismo o este moverse en el género y esta dicotomía de hombre o mujer es un quiebre en la estructura?

Puede que el travestismo nada, ya que el travestismo está incluido en el sistema y accede a los beneficios del sistema. Por ejemplo, la lectoescritura, estar inserto en el modelo educacional. Por lo tanto, vemos que las características general de la población travesti es el no pensamiento, es el no tener la facultad de generar pensamiento crítico acerca de lo que significa en este sistema ser travesti. Ahora, va a ser distinto cuando tú accedes a ciertos privilegios siendo travesti y te das cuenta que tus deseos, tu estilo de vida, tus práctica no van a responder al modelo, van a desobedecer al modelo y por siempre has sido excluida, controlada, violentada, con riesgo de desaparecer.

 

Actualmente existe una efervescencia social en este territorio a nivel general donde se levantan diversos tipos de luchas, ya sea de los trabajadores, luchas ideológicas como la anarquista, luchas por la tierra, luchas como la del Pueblo Mapuche, luchas de género y por la vivienda, etc. Distintos conflictos que de a poco se van relacionando unos con otros ¿Qué tiene que entregar la lucha que tienes tú y las ideas que has desarrollado a los conflictos que hoy en día se manifiestan contra el sistema? ¿De qué forma tensiona tu condición y la de mucha gente que hoy en día cuestiona el género?

Las luchas que tú nombraste, las luchas obreras, las luchas de clase, la lucha Mapuche, la lucha por la vivienda, por la educación gratuita y de calidad, yo siento que son luchas que se sobreponen unas con otras porque desde las mismas estructuras que sostienen estas luchas hay un funcionamiento patriarcal. Por ejemplo, pienso en la lucha de los trabajadores, allí históricamente han participados hombres, hombres adultos, pero no cualquier hombre, no el hombre indígena, no el hombre poblador, sino que los que han llevado esa lucha, los que han elaborado el discurso de esas luchas son hombres profesionales, con privilegios, de educación, de recursos, de cierta clase, que han elaborado un discurso desde el patriarcado.

Es decir, los hombres adultos que tienen estos privilegios, que saben más, que conocen más, que tienen incluso participación política van a ser superiores a los estudiantes que provocan y han generado toda esta lucha estudiantil. Por lo tanto se debiera, dentro de esa lógica, subordinar la lucha estudiantil a la lucha obrera que es de hombres adultos.

Entonces ahí se provoca una problemática, desde mi perspectiva travesti, se produce una discriminación del macho adulto respecto del macho juvenil. Por otra parte, las luchas estudiantiles son predominantemente hombres quienes las dirigen, las mujeres han sido igual, quizás más visibilizadas, pero en la práctica se produce siempre esta estratificación de sujetos, unos más válidos que otros. Entonces también se puede producir lo mismo con la lucha Mapuche, ahí se puede ver cómo la izquierda usó a la lucha Mapuche siempre en beneficio de un grupo privilegiado de hombres que visualizaron siempre a los Mapuche como un sujeto de segunda categoría. Entonces ahí puede hacer una crítica el feminismo y el feminismo que tiene la posibilidad de pasar por un activismo travesti. Puede que estemos diciendo eso, cómo las luchas cualquier que sea, va a estar encabezada en grupos privilegiados de hombres que van a categorizar y van a discriminar y siempre van a tener una mirada de subordinación de otra lucha.

Una cosa que le dijo el feminismo a la lucha de clases es que las mujeres ya no tenemos que subordinarnos a la lucha laboral. Las necesidades de la mujer ya no tienen que ser subordinadas nunca más a la lucha laboral. Eso me parece importante, ya que hasta el momento en que se dijo eso la mujer se había subordinado a la lucha de los trabajadores, como si la mujer no fuera una trabajadora y como si la lucha de clases no reconociera que en la mujer hay una fuerza no remunerada que sostiene a la lucha de clases. Es decir, vemos que un grupo privilegiado de hombres con un montón de conocimientos, de saberes y experiencia en partidos políticos, tiene a la mujer en su casa sosteniendo la casa, preocupada del cuidado y la alimentación de la familia, además del cuidado de los enfermos, pero sin ningún reconocimiento laboral y sin ninguna retribución económica. Entonces vemos cómo la lucha de clases está sostenida por el trabajo de mujeres que trabajan gratis.

Bueno, respecto de eso también está el fenómenos de cómo las luchas han visto a los pueblos originarios que luchan por su territorio como sujetos de segunda categoría, así como también a la lucha de los estudiantes como sujetos que tienen que subordinarse a la lucha de clases. Entonces se superponen unas luchas con otras, porque, por ejemplo, en la lucha estudiantil ahora recién empieza a plantearse la discriminación sexual al interior de las estructuras educacionales. Y así, por ejemplo en la lucha estudiantil los Mapuche o los estudiantes de pueblos originarios tampoco son vistos como una necesidad de reivindicación al interior de la estructura estudiantil.

Entonces, lo que yo podría decir como activista travesti es que todas las luchas están atravesadas por un inconsciente patriarcal porque, por ejemplo, a mí me planteaban “Claudia ¿Por qué no haces una organización travesti?” Pero entonces yo visualicé una organización como aquellas organizaciones que instauró la izquierda, organizaciones verticales, con autoridad, con categoría de sujetos, con una cabeza que representaba a una mayoría. Eso a mí no me parece en este momento sostenible. Por eso digo que la forma de luchar actualmente para enfrentar las injusticias sociales es patriarcal.

 

 

 

Con respecto al amplio espectro de lucha que hoy día se vinculan al feminismo, luchas de género, luchas de los homosexuales, lucha por el aborto. ¿Cómo vez tú actualmente las luchas de género? ¿Hacia dónde se proyectan y hacia dónde te gustaría que apuntaran?

Bueno, incluso las luchas feministas se ven enfrentadas al mismo fenómeno del patriarcado, vemos nuevamente que las organizaciones funcionan verticalmente. A mí me parece que el feminismo más crítico podría ser el autónomo, el que problematiza la forma en que se hace organización. Cuando las mujeres feministas y las mujeres lesbianas feministas están fuera del Estado son críticas y radicales, pero cuando comienzan a trabajar con el Estado se convierten totalmente en funcionales y pierden su capacidad crítica.

Entonces cuando tú me preguntas hacia dónde vamos, yo veo que sigue triunfando el neoliberalismo, que es el patriarcado y todo lo que sustenta el patriarcado y el capitalismo que son lo mismo, desde mi perspectiva, no se puede decir el sistema económico que no sea heterosexual, porque lo heterosexual es vertical, el centro de la heterosexualidad es el hombre y la mujer es siempre un objeto secundario.

Entonces la lucha feminista, desde la crítica de género, está siempre haciendo aguas porque el patriarcado se nos mete por todos lados, nos come porque tenemos que sobrevivir, porque tenemos que parar la olla y es una necesidad vital. Yo veo que hoy todo avanza hacia el fortalecimiento del neoliberalismo, vemos, por ejemplo, que la lucha homosexual, la lucha que han instalado las organizaciones homosexuales es que intentan ser parte del modelo neoliberal, no luchan por destruirlo, sino que por ser parte y acceder a los privilegios y a los beneficios del modelo neoliberal. Entonces quieren matrimonio, adoptar hijos, porque eso es el sistema neoliberal, el modelo económico.

Yo creo que todo se dirige hacia allá, y el feminismo más radical, la crítica del género más radical es la que se vincula al anarquismo. Con la problematización del anarquismo, porque al anarquismo el sistema ha hecho que le tengamos miedo, el sistema ha hecho que sea infeccioso, una enfermedad a la que hay que tenerle miedo. En esa perspectiva el anarquismo es un cáncer y todo el mundo le tiene miedo al cáncer, pero cuando las feministas nos planteamos como autónomas estamos platicando, desmenuzando y practicando el anarquismo. Porque de lo contrario nos come el sistema. Si no empezamos a masticar el anarquismo nos come el sistema.

 

Dentro de las experiencias que sueles mencionar y que más han marcado tu vida se encuentra la práctica del comercio sexual ¿Qué se aprende sobre el patriarcado y el capitalismo cuando trabajas en el comercio sexual?

Tantas cosas. Lo que yo aprendí en esas circunstancias fue a ser indolente, a no perderte en la violencia. Me tocó enfrentar una vez a un cliente al cual le hice la práctica sexual y cuando terminamos en su auto sacó de su guantera una pistola y me apuntó y me dijo “bájate maricón y la reconchetumadre o si no te disparo”. Entonces yo fui donde mis amigas y les conté destrozada que me habían amenazado con una pistola, yo quería ir a denunciar a la policía, pero mis compañeras me decían que eso pasaba siempre, que el trabajo sexual era así y te encuentras con cada weón loco que no respeta la vida. Yo decía, pero cómo no voy a poder denunciar. No po, me decían, no te van a pescar y además te van a decir que te lo mereces porque andas haciendo lo que haces. O sea, por ser travesti y andar puteando mereces que te maten. Mis compañeras me decían. Entonces mis compañeras estaban súper vacunadas, tenían anticuerpos, no se atemorizaban ante esa situación.

Yo no solamente me atemoricé, sino que también me di cuenta de la deshumanización. Yo por eso me hice más activista, entonces el cuento es que una se tiene que volver más dura. Endurecer el cuero para que cualquier weá no te desmoralice y no quieras salir de tu casa y por eso yo me hice activista porque yo no concebí que tuviéramos que conformarnos con no denunciar ese tipo de violencia. Eso me parece injusto, pero a mí lo que me hizo ver esa injusticia no fue solamente esa distancia con mis compañeras, esa diferencia con ellas, sino que fue el feminismo lo que me hizo entender que esa naturalización, eso de que estamos destinadas a ser amenazadas de muerte por ser travestis y hacer trabajo sexual. Esa injusticia, el feminismo me la hizo leer en términos de cómo eso se puede unir a la lucha social, eso no sólo es algo que le pasa a un joven maricón que se viste de mujer y que chupa pico para generar recursos, esto no son weás aisladas, esto es todo lo social. A mí el feminismo me hizo ver esa intimidad en todo lo social, en todo lo público.

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