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La Rosa Roja

La Rosa Roja

“No es cierto que el socialismo surgirá automáticamente de la lucha diaria de la clase obrera. El socialismo será consecuencia de las crecientes contradicciones de la economía capitalista y la comprensión por parte de la clase obrera de la inevitabilidad de la supresión de dichas contradicciones a través de la transformación social.”

Rosa Luxemburgo, Reforma o Revolución, 1910

La Rosa Roja

Por María Eugenia Domínguez

La figura Rosa Luxemburgo, como en el caso de Marx, vuelve a cobrar interés, no sólo para los historiadores del socialismo, sino también para las nuevas generaciones de luchadores/as. No obstante, su pensamiento y obra queda por difundir. Sus trabajos sobre el capitalismo, el debate sobre el devenir de la Revolución Rusa y sobre todo la denuncia del oportunismo socialdemócrata, constituyen –como bien señaló Atilio Borón[i]– textos relevantes y una “contribución invalorable para las luchas emancipadoras de nuestra época”.

En este breve artículo, quisiéramos destacar algunos aspectos de la manera que, en sus escritos, el militarismo y el colonialismo se demuestran, a inicios del siglo XX, indefectiblemente articulados a las democracias burguesas europeas. Con ello, también, Luxemburgo refuta las tesis revisionistas que sostenían las reformas sucesivas al capitalismo como el camino para el socialismo. Más de cien años después, y a la luz de las nuevas confrontaciones militares por la redistribución geopolítica del mundo, invitamos a nuestros lectores a reflexionar juntas y juntos sobre algunos aspectos.

El carácter de clase del Estado y la revolución

En 1900, Rosa escribió  Reforma o Revolución, donde enfrentaba las tesis revisionistas sobre Marx de Eduard Bernstein. Este último planteaba, entre otros aspectos, la idea de que el socialismo podía alcanzarse con reformas sucesivas del capitalismo, mediante el fortalecimiento de los sindicatos que traerían una redistribución progresiva de la renta y riqueza. Para Luxemburgo este “camino evolutivo” al socialismo no era sólo una renuncia al socialismo, sino que la degradación misma de la socialdemocracia alemana cuando, al negar la necesidad histórica del socialismo, se construía una peligrosa trampa y en un horizonte de alienación permanente para la clase obrera.

En este breve texto, Rosa denuncia y demuestra cómo el Estado burgués se sostiene a través del  militarismo y su acción coercitiva, para servir los intereses estrictos de la clase dominante. Así, militarismo y colonialismo se constituyen no en excepción, sino en dos dimensiones inseparables e inherentes a las democracias burguesas. Las instituciones armadas, al exterior de los países centrales, imponen y sostienen las dictaduras sobre los pueblos colonizados; y, en su interior, aseguran la estabilidad del sistema mediante la represión contra el movimiento obrero.

Rosa Luxemburgo siguió denunciando luego, en El Estado burgués y la Revolución, publicado en los albores de la Primera Guerra, el carácter de este vínculo: el imperialismo, escribe, “(…)conlleva un crecimiento masivo del ejército, el culto de la violencia militar salvaje y una actitud dominadora y arbitraria del militarismo respecto a la legislación; del otro lado, el movimiento obrero que conoce un desarrollo igualmente masivo, acentuando los antagonismos de clase y provocando la intervención cada vez más frecuente del ejército contra el proletariado en lucha[ii].

Junto con Lenin, y por sobre sus polémicas y diferencias, la lectura fresca de Marx les permitió identificar el desarrollo del imperialismo y la contradicción entre reforma y revolución. Con ello, ambos dirigentes recuperaban en las luchas concretas, como la insurrección rusa de 1905, los elementos nuevos y revolucionarios que dejan la acción y la experiencia de las masas. Con ello, se establece la idea que el rol de las direcciones revolucionarias no era la planificación y el ordenamiento de las luchas, sino su preparación y orientación.   

¿Cómo no establecer paralelos y continuidades con los problemas de la revolución actual y las guerras del siglo XXI? Y luego, otros paralelos para nuestro continente que ha vivido y sigue viviendo la intervención imperialista, como hoy en Venezuela; los fracasos del progresismo en Argentina, Chile o Brasil y el neo-extractivismo predador que hipoteca el futuro colectivo y entrega a las transnacionales las riquezas de los pueblos. Por ello, la rosa roja del socialismo, a casi cien años de su asesinato, nos interpela: “En este momento basta mirar a nuestro alrededor para comprender qué significa la regresión a la barbarie en la sociedad capitalista. Esta guerra mundial es una regresión a la barbarie”.[iii]

 

[i] Atilio A. Boron “Rosa Luxemburg y las luchas revolucionarias en América Latina”, Revista Punto Final Edición Nº 737, Santiago de Chile, 8 de Julio de 2011.

[ii] Rosa Luxemburgo (1914), El Reverso de la Medalla en El Estado burgués y la Revolución. p. 41.

[iii] Rosa Luxemburgo (1916) “El folleto de Junius”

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