La resistencia mapuche no es terrorismo, es dignidad ante la injusticia y la agresión

La resistencia mapuche no es terrorismo, es dignidad ante la injusticia y la agresión

“Esta reflexión de los hechos que nos envuelven, la hacemos en memoria de los caídos en la lucha y de  los que hoy soportan el frío de las cárceles, la clandestinidad, el dolor de las heridas y las traiciones”.

Por Rodrigo Curipan, Werken, Lof Mapuche Rankilko.

El Estado chileno y su clase burguesa van a continuar con la persecución política y judicial contra el pueblo Mapuche. Por lo que no es de extrañar que el nivel de confrontación entre la policía militarizada y las fuerza de resistencia Mapuche, será cada vez más elevado. Si la demanda por la autonomía y la libre determinación prosperase, según el pensamiento racista y conservador de políticos, religiosos, cronistas y organizaciones antimapuche, constituiría la desintegración territorial del Estado chileno. Posiciones y puntos de vista como estos abren una brecha enorme de desentendimiento y no permiten alcanzar una salida a este sangriento conflicto. Y mientras, los hechos de violencia contra los mapuche, seguirán siendo silenciados por los medios de comunicación que están al servicio del gobierno, las empresas forestales y los terratenientes.

Bajo este razonamiento paternalista, el gobierno de turno seguirá aplicando la vieja política, que se arrastra desde antes de que el Estado chileno invadiera el territorio y que consiste en la creación de un fantasma violento y despiadado con rostro Mapuche. Persiguen un terrorismo que no existe, una violencia rural creada a raíz de la represión desatada contra las comunidades.

La autodefensa mapuche es la respuesta lógica a la represión inhumana ejercida por la policía militarizada, que se ampara en la impunidad que le otorga su gobierno. Pero lo que no hace el ejecutivo, es reconocer el origen del problema y la solución lógica del mismo. Por ello, no existe en la actualidad una muestra política que permita tratar el tema de la autonomía en el futuro.

Hace unos días se conocieron públicamente los millonarios gastos que realiza la policía militarizada que opera en la zona de Arauco. Con montos que superan los 400 millones de pesos, sólo en lo que respecta a viáticos de alimentación. Esto refleja que el gobierno no estimará en gastos para aplastar cualquier indicio de control o reivindicación territorial que esté fuera de la institucionalidad vigente.

Las policías cuentan con un presupuesto que supera al que maneja cada año la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena a nivel nacional. La nueva Zona Araucanía Control Orden Público con jefatura en Victoria, tiene por objeto controlar cualquier manifestación de recuperación de tierras, los patrullajes al interior de las comunidades y los puntos fijos de vigilancia forestal. Con cuarteles en Pidima, Pailahueque, Collipulli y Angol, se vive un estado de sitio asumido bajo la lógica de guerra. No existen caminos rurales que no estén controlados por carabineros fuertemente armados.   

El paramilitarismo- bajo la fachada legal de Juntas de Vigilancia Rural

Las Juntas de Vigilancia Rural son grupos civiles armados, reclutados por latifundistas y entrenados militarmente por carabineros retirados y la ANI. Cuentan con financiamiento directo del Ministerio del Interior y se canalizan a través de la Intendencia y la Gobernación, según corresponda. En lo que respecta a la Araucanía, el presupuesto anual es de 4000 millones de pesos para la dotación de radios de comunicación, armas y municiones.

Operan bajo la figura legal de juntas de vigilancia con el supuesto objetivo de prevenir el abigeato. Pero su verdadero propósito consiste en ser el brazo armado de los latifundistas y las empresas forestales. Los han creado para contener el avance de la recuperación territorial y realizar prácticas de amedrentamiento contra las comunidades. Amparados en el anonimato actúan impunemente. Desde el año 2012 hasta la fecha, más de treinta viviendas mapuche han sido quemadas y tres dirigentes secuestrados, sacados violentamente de sus casas y en presencia de su familia. Cada caso ha sido denunciado ante tribunales y se han presentado más de diez recursos de protección y de amparo ante la corte de apelaciones de Temuco. Pero hasta ahora nada ha sido investigado y lo más probable es que nunca lo sea.

Paz en la Araucanía, una utopía sin justicia y sin tierra para el pueblo Mapuche

En el último tiempo hemos observado la creación de más de tres organizaciones autodefinidas como víctimas de la violencia rural. Están dirigidas políticamente por latifundistas y parlamentarios de derecha, quienes con un discurso falso e inconsistente, han confundido a la sociedad chilena. Ante un clima hostil e inseguro en la región, utilizan el lema “Paz en la Araucaníapara manipular.

Tomaron la bandera de la paz para ocultar la usurpación territorial y para perpetuar la persecución y la violencia sistemática contra las comunidades. Buscan desacreditar la legitimidad del proceso de recuperación territorial y la autodefensa mapuche. Todos hablan de paz en la Araucanía, pero nadie pregunta por el sufrimiento de la gente mapuche. De los heridos que quedan después de los allanamientos, de los asesinatos, las torturas y las detenciones extrajudiciales y arbitrarias. Se trata de una paz acotada a su interés económico y político, es una paz egoísta y falsa.

No existe la voluntad política por parte del gobierno ni las condiciones de confianza necesarias para desarrollar nuevos esfuerzos de acercamiento. El asistencialismo con la tierra mapuche, es simplemente intolerable. Frente a esta realidad sólo quedan dos caminos. El primero, seguir en la ingenuidad política de creer en la benevolencia del Estado y en la integración a su progreso económico. El segundo, hacerse cargo de la historia y construir un destino propio, por muy difícil e imposible que parezca. Este último, es la esperanza del movimiento mapuche más contemporáneo, porque los acontecimientos anteriores crearon condiciones firmes y duraderas para esta lucha por liberación incipiente. El nuevo desafío demanda más esfuerzo y más trabajo organizacional Mapuche.

*** Texto publicado en la edición número 21 de Revista MALA.

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