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Esta carta es para ti hijo

Esta carta es para ti hijo

Por Anamaria Tijoux Merino

 

 

Esta carta es para ti hijo.

Por la que algún día será tu compañera,

por la hija que quizás tendrás y las nietas que quizás vendrán.

Por todas y cada una.

Y para ti, por ti, por todos, por tu abuelo, por los hijos que algún día

quizás tendrás, por tus amigos y para que todo este sistema cambie.

Por tu hermana y tu abuela.

Porque amo pensar contigo.

Porque amo cuando imaginamos juntos con las palabras

con las cuales vamos tejiendo.

Porque necesito que me corrijas y que nos corrijamos

y limpiemos este patriarcado juntos.

Porque te quiero libre,

Porque te amo feminista, reflexivo y con opinión.

Porque te necesitamos y los necesitamos a todas y a todos

en este pensar sintiendo.

Conversando hace dos días con mi hijo…

Si estamos 40 mujeres y un solo hombre en una esquina,

por qué decimos:

Ellos están conversando?

Y no Ellas están conversando?

Seremos 39 mujeres anuladas por un solo hombre en la expresión

y en lo más natural que es verbalizarnos

y hacernos existir en la palabra misma?

…….

HIJO.

Nací.

Nací culpable.

Nací segunda.

Nací con miedo.

Nací con desventajas.

Nací anulada.

Nací atrás.

Nací sin fuerza.

Nací de piernas cruzadas.

Nací ella.

Nací mujer.

Nací culpable de ser madre trabajadora y culpable de no querer ser madre.

El hombre provee al trabajar y la mujer abandona al trabajar.

Los hombres ayudan con los niños.

Las mujeres lloramos como niñita.

Nacimos muy flacas.

O nacimos sin formas.

Nacimos desplazadas por la dictadura de la belleza, por no caber en

los cuerpos sociales y las imágenes que nos toca llenar en el día a día.

Las mujeres somos caras de los comerciales de artículos de limpieza.

Somos madres devotas cuando se requiera.

Las amantes que se deshacen en los rincones del colchón

y las perfectas esposas que entregan su admiración a sus parejas

al presentarse en sociedad.

Las mujeres lavamos, las mujeres limpiamos,

las mujeres planchamos, cocinamos,

sabemos de los horarios de clases, de las colaciones

y cuanta tarea doméstica.

Las que no abandonan, las que no nos cansamos, las impecables,

las sonrientes y amables.

Las mujeres recordamos los regalos familiares,

y solucionamos comprarlos si nuestras parejas lo olvidan.

Porque las mujeres no podemos enojarnos,

ni menos tener rabia en los dientes o la frustración

que se debe esconder de forma sutil bajo el manto de la sonrisa

del ser esa mujer.

Cuantas navidades fuimos a comprar regalos para tu hermana,

te acuerdas cuando nos reíamos de la dictadura del rosado,

de que tu hermana estaba sometida al peso de las princesitas…

mientras que el pasillo de los niños estaba regocijante de juguetes

y camiones para construir.

Las mujeres no construimos.

Las mujeres no armamos.

Las mujeres no.

Te tuve en mis entrañas a ti y a tu hermana,

sentí durante 9 meses sus vidas crecer dentro de mi,

me asusté en la sala de parto, los grité nacer de mis adentros,

me sorprendí cuando mis pechos dieron alimento de manera tan natural

y lloré cuando olí el olor animal de sus cuellos en mis pieles…

y aún así mi apellido será siempre segundo, aparte, escondido,

apellido que se irá borrando a lo largo del tiempo

y quedará en el olvido del ser yo mujer…

Mi apellido será anulado.

Mi apellido será borrado.

Mi apellido será olvidado.

Tu hermana y yo somos mujer.

Nacimos culpables.

Nacimos borradas.

Nacimos anuladas.

Nacimos apuntadas.

Nacimos en desventajas.

Nacimos de piernas cruzadas.

Nacimos con miedo.

Tu abuela nunca gustó de cocinar

y no recuerdo las cantidades de veces que estuvo

bajo la crítica pública por ello.

La acusaron de amar estudiar,

del querer viajar,

del querer profundizar su pensar,

del necesitar crecer.

Y es que…

Jesús es hombre.

Alá es hombre.

El profeta es hombre.

Los gurú/us son hombres.

Osiris es hombre.

Zeus es hombre.

Dios es hombre.

Los hombres viajan.

Las mujeres se quedan.

Casi todos los libros que llenan nuestros estantes

sobre la historia épica de grandes revolucionarios está hecha de hombres.

Te acuerdas cuando mirábamos a todos los mártires de las luchas

y decíamos y… las mujeres?

Dónde están las revolucionarias?

Dónde están las que tomaron las armas?

Dónde están las luchadores en los libros y en la memoria?

Y tal como dice el dicho…

los caballeros no tienen memoria.

Las mujeres no hacen la revolución.

Porque ellas fueron anuladas.

Ellas fueron borradas.

Ser una mujer pensante,

ser mujer que cuestiona,

una mujer que debate, es mujer que histérica.

Es mujer loca.

Es mujer cuática.

Es mujer intensa, enrollada, extraña.

Pensar parece ser una de las llaves de las puertas hacia la libertad.

Y la libertad es un precio alto a pagar si eres mujer, hijo.

Pensamos en el sentir y sentimos en el pensar.

Por eso hijo ahora te toca a ti pensar conmigo, con tu hermana,

con tu abuela, con todas y con todos

para que nunca más ninguna mujer,

nazca culpable de ser… MUJER.

*** Texto publicado en la edición nro 23 de revista MALA.

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