970×90
El otro 5 de octubre

El otro 5 de octubre

El otro 5 de octubre

Por Reinaldo Vives

Dos 5 de octubre se contraponen en la historia reciente de Chile. Cargados de recuerdos irreconciliables, como las diferencias entre la casta privilegiada, codiciosa y cruel que se apropió de este país, y el pueblo que, desde siempre, resiste y lucha contra la dominación y la explotación.

El 5 de octubre de 1974, Miguel Enríquez, Secretario General del MIR, cae luchando contra las pandillas de asesinos de la dictadura cívico-militar. Su gesto indica la disposición de los revolucionarios en esos momentos: resistir, luchar y vencer  a las fuerzas armadas del capitalismo.

El  5 de octubre de 1988, en turbia maniobra para frenar el avance de la lucha popular, la dictadura cívico militar impone un plebiscito. Ante él, se hacen evidentes la traición y derrota de un sector de la izquierda.

Entre ambos hitos, el pueblo desarrolla una heroica lucha, con todos los medios a su alcance, para vencer a la dictadura y retomar el camino de la revolución  y el socialismo, interrumpido por la brutalidad de asesinos uniformados y cómplices civiles.

Desde el mismo 11 de septiembre comienza la resistencia de las fuerzas populares. “El MIR no se asila” enseña la disposición ética y política de los revolucionarios. Las bandas represoras de la dictadura lanzan una feroz cacería de sus militantes, muchos de los cuales fueron abatidos al oponer resistencia.

Junto con los planes de reorganización, el MIR lanza una propuesta de unidad y lucha antidictatorial, la creación de un movimiento amplio de resistencia a partir de dos líneas: “la defensa del nivel de vida de las masas, que incluye la lucha contra la rebaja salarial, los despidos y el aumento de horas impagas de trabajo, en lo fundamental, y la lucha por las libertades democráticas básicas, principalmente la de asociación y de expresión (…) pero, sobre todo, creando una estructura clandestina de masas, cuyo eje son los Comités de Resistencia, la cual esté en condiciones de resistir a la intensificación de la represión policíaco-militar.”  (Correo de la Resistencia, órgano del MIR en el exterior, número 1, junio de 1974).

Tras años de porfiado resistir, las fuerzas populares logran retomar la iniciativa. En 1979 se realizan las primeras acciones de propaganda armada, entre las cuales el asalto a un camión blindado en pleno barrio alto de Santiago. Comienza un nuevo ciclo de lucha directa contra la dictadura, con acciones de sabotaje y ajusticiamiento de esbirros, respaldando los llamados a una política unitaria para poner fin a la dictadura.

Esta iniciativa tendrá fuertes impacto en el pueblo y en la izquierda. El 3 de septiembre de 1980 se realiza un encuentro en México entre el PC, el PS y el MIR, al que asisten representantes de sectores del PR y la DC, que aprueba el uso de todas las formas de lucha.

En ese encuentro surge la idea de una “rebelión popular de masas”, concepto que más tarde retomaría el FPMR al comenzar a actuar en Chile en diciembre de 1983. En ese mes realizarían una voladura de torres de alta tensión, similar a la que había realizado el MIR el 11 de noviembre de 1980, dos meses después de impuesta la Constitución de Pinochet-Guzmán.

En Chile, la política unitaria lleva a la conformación del MDP (Movimiento Democrático Popular), en que participan el MIR, el PC y el sector Almeyda del PS. Sus objetivos eran: “1) la caída de Pinochet y el fin del sistema político y del orden jurídico, económico y social impuesto por la dictadura; 2) la movilización social y callejera; 3) la implementación de un gobierno provisional que llevara adelante la tarea de redemocratizar la sociedad chilena”.

Desde el mismo día del golpe cívico-militar de 1973, los sectores avanzados del pueblo habían iniciado la resistencia; al comenzar los 80 ya habían retomado la iniciativa, con dos formaciones armadas en acción y una activa organización y movilización de sectores del pueblo.

 

En mayo de 1983, un paro de trabajadores del cobre sirve de señal para el inicio de un ciclo de crecientes protestas populares masivas, que despierta el temor y el odio de la burguesía y sus sirvientes uniformados. A pesar de la represión, protestas de masas y lucha armada seguirán creciendo.  El 7 de septiembre de 1986, el FPMR realiza la Operación Siglo XX, el atentado contra Pinochet.

Lamentablemente el intento fracasa, el tirano logra huir del ataque. Esto marca un viraje en la disposición de algunos sectores de izquierda, que plantean la búsqueda de una salida política no armada, ante lo que ven como imposibilidad de la derrota militar de la dictadura.

El MDP es disuelto, y en su lugar se impone  la Izquierda Unida. Ésta fue encabezada por Clodomiro Almeyda y compuesta por la Izquierda Cristiana, el Mapu-OC, el Partido Radical-Luengo, el PC, PS-Almeyda, PS Histórico y MIR-Gutiérrez. La mayoría de estas organizaciones, salvo el PC y el sector del MIR, formarían el Comando Socialista por el NO, para inscribirse en los registros electorales y participar en el plebiscito de octubre de 1988.

Sectores de la burguesía, por su parte, ya avanzaban en la propuesta de una salida pactada con los militares, ante la perspectiva de radicalización de la lucha popular conducida por la izquierda. En agosto de 1983 se forma la Alianza Democrática, entre los partidos Demócrata Cristiano, Social Democracia, Radical, Unión Socialista Popular y Derecha Republicana; un sector del PS ya participa, aunque sin firmar.

Pinochet se opone a negociar, por lo que en agosto de  1985 se recurre al arzobispo de Santiago, Francisco Fresno (aunque Pablo Rodríguez, fascista convertido al pinochetismo, insiste que la iniciativa fue impuesta por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, lo que no es excluyente). Se reúne un amplio arco de partidarios y  críticos de la dictadura, para avanzar en el “Acuerdo Nacional para la Transición a la Plena Democracia”.

Entre quienes firmaron el acuerdo, que abría el camino para la salida pactada con los militares, se encontraban desde Fernando Léniz, ex ministro de la dictadura cívico-militar, Andrés Allamand, la DC y 3 fracciones socialistas, hasta Luis Maira y Sergio Aguiló, de la Izquierda Cristiana. Incluso el PC, que no firmó el acuerdo, se comprometió a apoyar las medidas inmediatas que éste proponía (fin de la prohibición de actividades políticas, elección de presidente y congreso en elecciones directas).

No se planteaba la salida de Pinochet, sólo limitar sus atribuciones y avanzar hacia futuras elecciones. Pero con ello se lograba dejar aislados a los sectores revolucionarios, que lo rechazan, exigiendo la derrota de la dictadura y una auténtica democracia con participación directa del pueblo y los trabajadores.

El “Tata” Maroto, vocero del MDP, resume así las razones del rechazo: “…primero y más importante, es la salida de Pinochet (…) Pero la mayor carencia del Acuerdo es que no expresa los intereses de los trabajadores, al no asegurar los derechos al trabajo, a la salud, a la educación, al salario justo. Por otra parte, implícitamente se acepta la Constitución de 1980, cuestión que para nosotros es absolutamente inadmisible (…) Este acuerdo desconoce los verdaderos y profundos sentimientos de nuestro pueblo, y por lo tanto, no lleva a la democracia (…) La movilización es un sentimiento, un derecho y una convicción que tiene el pueblo y que no está dispuesto a abandonar hasta terminar con el actual régimen”  (“Los que no firmaron”, entrevista a Rafael Maroto. APSI N° 161, 9-22 septiembre 1985, págs. 15).

La izquierda firmante abandonó al pueblo, calló ante el aniquilamiento de organizaciones revolucionarias y militantes populares. Dirigentes derrotados y traidores de todo pelo se sumaron al régimen de la Concertación, para administrar y modernizar el modelo explotador y represivo instalado por Pinochet y sus cómplices civiles.

29 años después el balance es previsible. Concertación y Nueva Mayoría prometieron reformar y mejorar el capitalismo pinochetista, y sólo profundizaron la explotación, y la entrega a capitales extranjeros de todas nuestras riquezas. Los traidores y entreguistas de ayer fracasaron, los reformistas de todos los colores seguirán fracasando, el capitalismo es irreformable.

Por eso hoy el pueblo vuelve a las calles, a exigir sus derechos. A luchar por superar mentiras y promesas vacías de los reformismos, dispuesto a enfrentar la reacción de odio y miedo de la vieja derecha, sin participar en sus circos electorales. Recuperando poco a poco su organización,  la memoria de sus logros, el proyecto revolucionario interrumpido por los criminales, el horizonte comunista que quisieran ocultarnos.

5 de octubre hay uno sólo, el de Miguel, que denunció el reformismo, y prefirió morir luchando antes que renunciar a la revolución y el socialismo.

Related posts

Leave a Reply