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EL CAPITAL Y LAS MUJERES

EL CAPITAL Y LAS MUJERES

EL CAPITAL Y LAS MUJERES

Por Karina Nohales

Lo que le debemos a la obra de Karl Marx y de Friedrich Engels, desde el punto de vista del feminismo, es que expuso y explicó que el origen del patriarcado y de su forma de familia coincide con el origen de la división de la sociedad en clases sociales. Esta contribución, tremendamente valiosa, aporta al feminismo una de sus perspectivas estratégicas: es necesario que la lucha por el fin del patriarcado vaya de la mano de la lucha por el fin de la explotación de una clase social sobre otra. Sin embargo, la obra de Marx y Engels deja pendiente la otra cara de la misma moneda: el fin de la explotación de una clase sobre otra no significa necesariamente el fin de la opresión patriarcal.

Existe sin duda una deuda respecto de la importancia estratégica y la potencialidad emancipatoria del feminismo en esta obra. Sin embargo dos cuestiones deben ser destacadas:

1) En El Capital, Marx derriba el mito de la “reciente” incorporación de las mujeres al trabajo asalariado. Es así como en el Tomo I, Libro Primero, Sección Cuarta, dedica un acápite al trabajo de las mujeres y las y los niños, describiendo la brutal forma en que el capitalismo en sus orígenes somete a toda la familia obrera, sin distinción de edad ni sexo, bajo la dependencia inmediata del capital, afirmando incluso que “el trabajo de la mujer y del niño fue el primer grito de la aplicación capitalista de la maquinaria”;  2) Las obras de Marx y Engels no desarrollaron el problema histórico de la liberación de las mujeres, pero han dotado al pensamiento emancipatorio de las herramientas teóricas y de análisis para comprender y situar la opresión patriarcal en su relación con la sociedad capitalista actual. Estas son las herramientas de las que ha podido partir el feminismo ulterior y actual para ir completando todos aquellos aspectos que, en su momento, no fueron tomados en cuenta o fueron derechamente ignorados por Marx.

Desde el feminismo existen elementos a reivindicar en El Capital, pues sus páginas atesoran testimonios sobre las condiciones de vida de la gigantesca mayoría explotada de la humanidad, cuya mitad está compuesta por mujeres. Esta obra, a pesar del transcurso de un siglo y medio, sigue representando una rica fuente intelectual, inacabada y abierta, que ha representado un hilo conductor del pensamiento de los y las oprimidas, hilo que siempre es posible de aprehender y retomar para irse enriqueciendo en una cada vez más robusta madeja de opresiones y posibilidades de resistencia.

La pobreza del El Capital, en lo que al análisis del patriarcado y sus formas opresivas respecta, está ahí como testimonio de los énfasis, visibilizaciones e invisibilizaciones de toda una larguísima época humana en que la dominación de las mujeres no existía ni era importante ni siquiera para las corrientes del pensamiento de liberación. Naturalmente no serían el señor Marx ni el señor Engels quienes rasgaran este velo. Serían las mujeres las que vendrían a poner su realidad, sus demandas y sus luchas sobre la mesa de la historia. No podía ser de otro modo.

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