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A 150 años de la publicación de El Capital

A 150 años de la publicación de El Capital

A 150 años de la publicación de El Capital

Por José Antonio Gutiérrez

Hace 150 años, en 1867, se publicó el primer volumen de la obra maestra de Karl Marx, Das Kapital, Kritik der Politischen Ökonomie (El Capital: Crítica de la Economía Política). Los otros dos volúmenes que componen esta obra, aparecerían de manera póstuma en 1885 y 1894, preparados por el colaborador y amigo de Marx, Friederich Engels tras la muerte del pensador socialista en 1883. Un cuarto volumen quedó apenas como borrador, publicándose algunas notas de manera muy posterior por Karl Kautsky. En este primer volumen, Marx revela las características intrínsecas y las “leyes” mediante las cuales opera el modo de producción capitalista. Cómo se desarrolla la acumulación de capital, cuáles son los procesos básicos mediante los cuales el capitalista extrae el plusvalor al obrero, y cómo el capitalismo está basado en la explotación por parte de la burguesía, del proletariado. Curiosamente tocó a un crítico del sistema llegar al alma del mismo. En el camino, destruye los mitos con los cuales el sistema capitalista se rodea de respetabilidad, particularmente los relativos a la honestidad en la acumulación de las fortunas de los capitalistas europeos, demostrando que su origen se encuentra en la conquista, el pillaje y el robo.   

El conjunto del Capital es una herramienta fundamental para entender al sistema capitalista, basado en el estudio riguroso del desarrollo económico que llevó al surgimiento del capitalismo en Europa, en la crítica sistemática a economistas clásicos como David Ricardo y Adam Smith, y desarrollando algunas de las ideas adelantadas por socialistas decimonónicos, incluido Pierre-Joseph Proudhon. Pese a haberse enfrentado a Proudhon en una amarga polémica (Marx escribió, con no poca dosis de malicia, “la Miseria de la Filosofía” en respuesta al libro de Proudhon “La Filosofía de la Miseria), le reconoció haber cualificado el proyecto socialista cuando en 1840, en su libro “¿Qué es la Propiedad?” declaró que la cuestión social no era asunto de ricos y pobres, sino de explotados y explotadores. Pero si bien el Capital es una herramienta fundamental para entender al sistema, entender al Capital es una tarea nada fácil: denso como pocos libros, está escrito con una pesada carga teórica que requiere de una lectura detallada para poderla comprender. Pocos libros de teoría económica o sociológica requieren de tanta atención y son tan demandantes con el lector. Es por ello que junto con la infinidad de traducciones que se han hecho, existen muchos trabajos escritos como introducción al Capital, incluidos trabajos de Althusser, Balibar y más recientemente, de David Harvey, entre muchos otros. Aparte de las introducciones, encontramos no pocos resúmenes del libro que fueron elaboradas para hacerlo accesible a los trabajadores y no solamente a intelectuales: entre estos trabajos de resumen, encontramos los de Johann Most y Carlo Cafiero.

El conocimiento del sistema capitalista es el resultado de un imperativo ético

Con esta crítica a la vez teórica y empírica, Marx inauguró la economía moderna, se convirtió en uno de los precursores de la sociología y sentó las bases para la crítica socialista al actual sistema. La exacerbación de un cierto cientificismo en Marx, es donde encontramos a la vez su mayor fortaleza, por el rigor con el que analizó el capitalismo para luego denunciarlo, pero también quizás encontramos aquí una de las principales limitaciones de este gran pensador. El desprecio por consideraciones de carácter normativo, de carácter moral, como romanticismo pequeño burgués, llevó con el tiempo a justificar en cierto sector de la izquierda su deriva anti-humanista, con consecuencias catastróficas en el siglo XX. No es la ciencia la que lleva a Marx a denunciar al capitalismo, sino el universo ético en el que él habitó. Uno puede, perfectamente, entender cómo funciona el sistema capitalista y aun así apoyarlo por motivaciones estrictamente egoístas. La mayoría de los banqueros entienden estos mecanismos y los utilizan para su beneficio. La denuncia al sistema capitalista se debe apoyar en argumentos de carácter científico, pero finalmente se basa en una consideración profundamente ética: que la opresión y la explotación son injustas, que la apropiación del plusvalor es injusta y que el sistema de la propiedad privada, por tanto, no es más que un robo (como bien habría dicho Proudhon). Aceptar esas consideraciones morales abiertamente, incorporar plenamente la dimensión ética no habría mellado el valor del trabajo, sino que lo habría engrandecido con mucho. Utilizar el conocimiento del sistema no para entenderlo, sino para cambiarlo, es ante todo un imperativo moral. 

La influencia del Capital ha sido inmensa, más allá de la propia izquierda. Junto al “Origen de la Especies” de Charles Darwin, son probablemente los dos libros más influyentes escritos en todo el siglo XIX. La misma derecha ha estudiado este libro concienzudamente, por razones naturalmente contrarias a las que son de interés de personas de inclinaciones progresistas. El mismo revolucionario ruso Mikhail Bakunin, quien estuvo por décadas unido a Marx en una relación de amor y odio, que alternaba entre la cooperación y la rivalidad, no solamente aceptó el análisis económico de Marx como base del movimiento anarquista que él ayudó a conformar en el seno de la Primera Internacional, sino que él mismo se dedicó a traducir este libro al ruso: tarea nada fácil, y que no alcanzó a concluir.

El conocimiento al servicio de las luchas

Por último, cabe señalar que el Capital no fue un libro escrito en medio de las comodidades que rodean a muchos académicos hoy en día, sino que fue un libro escrito en el exilio, en condiciones de existencia durísima, en medio de no pocas privaciones y una actividad política importante: los son los años en que se publica el primer volumen, son los años en que la Primera Internacional está en pleno apogeo. Quizás el mayor legado del Capital, es precisamente ser la muestra viva del compromiso que debe existir entre una academia comprometida y las luchas transformadoras en una sociedad injusta. El compromiso del académico con su pueblo. Un compromiso que no se acaba en lo académico, que requiere que el intelectual baje de su torre de marfil y se una al pueblo en las calles y los territorios, que también aprenda de éste. Pero un compromiso que también se debe dar en lo académico: no contentarse con fórmulas fáciles, no repetir clichés para complacer a las autoridades y las instituciones que financian la investigación, ir a la crítica profunda, incesante, inmisericorde, con las injusticias de nuestro tiempo. Opción, que por cierto, es ante todo moral y ética. Poner nuestros conocimientos, al servicio de los oprimidos y explotados.

La última edición del The Economist de Inglaterra, uno de los órganos de la intelectualidad pro-capitalista, trae un artículo en el que recuerda que Marx es importante y debe ser estudiado juiciosamente por los peligros que su sistema representa para el actual “mundo en crisis”, o mejor dicho, para el sistema de clases que ellos tan entusiastamente defienden. Aun cuando muchos de los intelectuales que otrora eran de izquierda, hayan sido domesticados y renovados con la avalancha neoliberal de los ’90, y se hayan convertido al eurocomunismo o la tercera vía, con toda la fe del fanática del converso, el Capital sigue clavando dientes y garras en la misma médula del capitalismo.

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